lunes, 5 de julio de 2010

Diario La República, crónica de un conflicto que todavía no termina

Cuando comenzó todo, estaba empezando a armar este blog, y tenía "en el horno" un post sobre el diario Crítica, la situación de los trabajadores y cómo son rehenes de la ambición de los empresarios y las peleas que tienen exclusiva base política, cómo los afecta en cuanto trabajadores, en cuanto familias y en cuanto periodistas.

Y de repente me vi envuelta en una situación similar: la empresa en la que trabajo hizo una presentación de procedimiento preventivo de crisis ante la Subsecretaría de Trabajo. En el expediente anunciaban el despido de 18 de los 40 trabajadores del diario, entre otras medidas. Pero además pretendían pagar a los despedidos la mitad de las indemnizaciones que correspondían por ley, calculadas sobre el salario que pagan y no el que deberían estar pagando, lo que da por resultado una suma de aproximadamente un cuarto de lo que debían pagar.



De todo esto nos enteramos por el sindicato, porque hace meses que el diálogo con la empresa está cortado, y los representantes de Recursos Humanos ni siquiera se dignan a atendernos el teléfono.

La notificación fue la gota que rebalsó el vaso:  nos constituimos en estado de alerta y asamblea permanente y mientras el sindicato asistía a las audiencias previas a la declaración de crisis (en las que a pesar de aportar alternativas para evitar los despidos, siempre recibió por respuesta que era una decisión tomada), nos abocamos a organizar otras cuestiones. Por un lado, comenzamos a reunirnos con cuanta autoridad nos recibiera, teniendo en cuenta que si el problema no se hacía público, la lucha estaba perdida. Así, nos reunimos con el presidente de la Cámara de Diputados, Pedro Cassani y algunos diputados más, con el secretario general de Gobierno de la Municipalidad, Pedro Lugo, con el presidente del Superior Tribunal de Justicia, Carlos Rubín, e incluso con el arzobispo Andrés Stanovnik. Puede parecer gracioso para los que me conocen, pero la reunión con el arzobispo fue... interesante. Fue casi como una terapia grupal. También conseguimos adhesión de los senadores, de la Festramco, de la Multisectorial a través de Suteco y CGT, y del intendente Carlos Espínola.

Por otro lado, el 7 de  junio, día del Periodista, hicimos una marcha en reclamo por mejoras en las condiciones laborales de todos los trabajadores de la prensa de Corrientes. Fue histórica. En el tiempo que llevo siendo periodista (y es mucho tiempo) nunca vi que casi 150 compañeros periodistas y estudiantes de Comunicación se reunieran y marcharan juntos como lo hicimos. Terminamos en Casa de Gobierno, donde entregamos un petitorio al gobernador para que tome cartas en el asunto.

A pesar de todo, la situación siguió complicándose. El martes al mediodía llegó al sindicato una notificación sumamente ambigua de la Subsecretaría de Trabajo, que daba por cerrado (o algo así, no pudimos entender), el Procedimiento de Crisis. Mientras la abogada trataba de entender la cédula, esa misma tarde cayeron al diario la jefa de Recursos Humanos y una escribana, y pidieron a dos de los compañeros que se presentaran para ser notificados de su despido. Ellos se negaron a notificarse hasta que llegara la abogada. A la media hora, alegando que habían recibido una llamada, la de RRHH y la escribana se fueron del diario, sin dar ninguna explicación. Quedamos todos los con pelos de punta. Intentamos convocar a un escribano o a un fiscal para que certificaran el mobbing en el que había incurrido la empresa, pero fiscal no correspondía y por la hora no conseguimos escribano.

La gran sorpresa fue al día siguiente (miércoles 9). Fui la primera en recibir en mi domicilio el telegrama de despido despachado el día anterior por la tarde, entre las 14 y las 18.30. Es decir que para la hora que la gente de la empresa se presentó al diario, los telegramas ya habían sido despachados.

Fui la primera, pero no la única: a lo largo de la mañana fueron llegando más telegramas. Conseguimos averiguar que eran un total de 15, aunque llegaron a destino sólo 14. Lo llamativo es que los telegramas, si bien hacían una detallada explicación acerca del procedimiento preventivo de crisis, al momento de señalar la causa del despido invocaban el artículo 247 de la Ley de Contrato de Trabajo: disminución del trabajo (asentada en la suspensión de las ediciones de sábado y domingo y reducción del número de páginas de 32 a 24). Con esta trampa, también apuntaron a pagar la mitad de la indemnización que corresponde.

[caption id="attachment_34" align="alignleft" width="206" caption="Los 15 despedidos nos identificamos con un cartel"][/caption]

Fue el acabose para nosotros: pusimos toda la carne en el asador, y el secretario general del Sindicato se trajo de Buenos Aires a la Comisión directiva de Fatpren. El jueves marchamos por segunda vez, con más gente que la primera, y con el apoyo de otros sindicatos, de dentro y fuera de la CGT. Los trabajadores despedidos llevamos colgado un cartel que daba cuenta de nuestra situación. Además, a la hora de la salida hubo por lo menos 15 medios, incluyendo varios noticieros de TV, registrando lo que pasaba.

La primera parada fue la Subsecretaría de Trabajo: nos metimos con bombos y cornetas en el lobby de 2x2 que hay en la puerta de su oficina. No tuvo más remedio que recibir a la abogada, a la gente de Fatpren y a nuestro secretario general. Fue entonces que se lavó las manos y entendimos algunas cosas: aseguró que ella había dado por cerrado rechazando el procedimiento preventivo de crisis. También aseguró que no sabía nada de los despidos, y que se ocuparía del tema. Le tiramos la bronca y seguimos.

[caption id="attachment_34" align="alignright" width="300" caption="En la Subse de Trabajo, con los bombos"][/caption]

En medio de la marcha, la gente de Fatpren llamaba por teléfono a lo tonto... después nos enteramos que hablaban con la gente del Ministerio de Trabajo de la Nación, para conseguir que el delegado local, Justo José Zapponi, se dignara a intervenir, porque hacía rato que venía haciéndose el desentendido. El hecho de que es compañero de yatching de uno de los abogados de la empresa probablemente haya influido en su "desinterés" en el tema.

El susodicho llegó tarde, y la reunión se extendió bastante, al punto que la columna de manifestantes que esperaba afuera se redujo casi a la mitad. Cuando nuestros representantes salieron, nos dijeron que estaba "todo encaminado", nos acompañaron un par de cuadras rumbo al diario, y después se volvieron. Después nos enteraríamos a qué.

[caption id="attachment_34" align="alignleft" width="300" caption="El encuentro con la poli"][/caption]

Llegamos al diario, y la situación realmente dio risa. Éramos unos 60 o 70 manifestantes, y cuando llegamos nos dimos con una brigada del PAR (la policía de alto riesgo de Corrientes) en la puerta. Adentro había tres compañeros, que entraban, salían y hacían morisquetas tras la puerta de vidrio.

[caption id="attachment_34" align="alignright" width="383" caption="Cyn, Iván y Catriel aparecen entre los polis tras el vidrio"][/caption]

Después de un rato, volvimos a retomar la marcha. Esta vez nos dirigimos a Aguas de Corrientes, la otra empresa de los dueños del diario, donde terminamos con un acto. Allí se repitió el paisaje de los policías "protegiendo" la puerta, a pesar de que nosotros nunca tuvimos ánimos de dañar nada. Una vez terminado el acto de repudio, nos dispersamos: algunos volvieron a sus casas, mientras otros volvimos al sindicato para hacer un balance. Cuando estábamos allí, llegó la sorpresa: un oficio del la Delegación del Ministerio de trabajo que anulaba todo lo actuado, ordenaba dar marcha atrás con los despidos, abría la conciliación obligatoria y dictaba medida de no innovar. Esa tarde, yo y los otros 15 despedidos fuimos a trabajar. Esto fue lo que habían estado haciendo los representantes sindicales cuando abandonaron la marcha y volvieron al Ministerio.

Pero aunque eso pareció el final, fue el principio de un larguísimo proceso en el que la empresa jugó a tratar de desgastarnos para que la planta  de personal se redujera sola. A casi un mes de ese día, se realizaron decenas de reuniones (una que incluyó a uno de los dueños de la empresa, Jorge Gutnisky), en las que la postura de la empresa fue variando, pero la de los trabajadores ni un ápice: no íbamos a ceder a ni un solo despido en esas condiciones, el cumplimiento de la escala salarial con las categorías reales, no los mamarrachos que figuran en nuestros recibos, que dicen "categoría A" "categoría F" y cosas parecidas.

En cada reunión, tanto la gente del sindicato como la de Fatpren siguieron ofreciendo alternativas, posibilidades de colaborar para conseguir algunas cosas que aliviaran un poco las finanzas de la empresa, pero llevó más de 3 semanas que ésta aceptara concretamente el acuerdo que se ofrecía. Sin embargo, la idea de reducir la planta de personal permaneció. Eso alargó más las negociaciones con un montón de excusas: la empresa se quería sacar de encima al menos 6 personas, pero al no reconocer los derechos a indemnización reales, no consiguió que ninguno de los que desde el inicio del conflicto habían pensado irse, lo hiciera.

Y volvió el tira y afloje. Esta vez de una forma bastante más traicionera: el jueves 1 de julio, a pesar de que la información trasmitida por el abogado de la empresa era que esa semana firmábamos el convenio, a las 20 el jefe de redacción nos comunicó que el diario no salía más, que la impresión estaba suspendida al menos hasta el lunes, sin ningún tipo de explicación adicional.

Fue una puñalada por la espalda. Otra vez convocamos a la gente del sindicato para ver qué cuernos pasaba. Nos ratificaron que las negociaciones iban viento en popa, y estaban prácticamente cerradas, y expresaron el mismo desconcierto que nosotros por la decisión tomada de no imprimir el diario. Al no haber notificación escrita, decidimos que no podíamos dejar de trabajar, así que seguimos adelante como si no pasara nada, pero después llegaron dos sorpresas más. Por un lado, una comunicación telefónica nos permitió saber que la empresa había rescindido el contrato con la imprenta. Por el otro, cuando quien se encarga de cargar las notas en la web lo intentó, se dio con que el administrador había sido dado de baja. Una vez más,una comunicación telefónica nos permitió saber que había sido una orden de la empresa, también sin explicaciones.

Incertidumbre, nuevos llamados, y el viernes  nos aseguraron que el convenio estaba listo, que lo mandaban al estudio de la abogada, por lo que nos juntamos ahí a las 20.30. Se habló con Guillermo Pomares (abogado de la empresa) y con Zapponi, y se acordó que una vez revisado el convenio, nos reuníamos al día siguiente, sábado, para firmarlo en el Ministerio de Trabajo.

Y nos forrearon otra vez. Nunca mandaron el convenio, en principio el abogado nos decía por teléfono que "ya lo mandaba"... estuvimos así hasta las 11 de la noche, cuando además Pomares ni siquiera se dignaba a atender el teléfono, en una actitud totalmente infantil y fuera de lugar. Nos fuimos, no sin antes decidir que si aparecía el convenio el sábado a las 8 de la mañana, no lo firmábamos. Que en todo caso se analizaría y, de haber acuerdo, se firmaría el lunes.

El sábado a las 7.45 apareció Pomares en el estudio de nuestra abogada, con el convenio, para variar, mal escrito. Tras al menos dos horas de conversaciones, se llegó a una versión final, con la que la abogada y la gente del sindicato fueron al ministerio. Hubo una firma preliminar, para evitar que para el lunes se cambiara algo. Otra forreada: el presidente de la sociedad anónima, Carlos López (el mismo que había firmado los telegramas de despido) no se dignó a aparecer. Hubo que mandarle el convenio, y lo devolvió firmado.

Hoy es lunes. Estamos esperando que sea la hora para la que tenemos turno en el Ministerio para ir a firmar el escrito. Sin embargo, sigue habiendo dudas, y tenemos claro que más allá que haya una conciliación, los problemas van a seguir, porque llega al diario una nueva conducción que anunció ya hace tiempo que viene "a cortar cabezas". Veremos en qué termina.

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